marzo 2018

Ahora que llega la Semana Santa y aparece Jesús en todas las noticias, he tenido una visión celestial. ¿Fue Jesucristo el primer influencer de la historia?

Mucha Dulceida o Justin Bieber, pero aquí quién lo empezó todo fue este Señor, que con su carisma y dotes comunicativas hizo que le siguieran multitud de fans y se convirtió en el primer influenciador de la humanidad.

Con el postureo propio de la época, por supuesto. Su look hipster con barba de un mes y atuendo desaliñado, sin duda fue responsable de lo que vendría después.

Y lo que de verdad le ayudó a llegar tan lejos fueron sus colegas. Doce buenos amigos, con los que además de irse de vinos, tenían interesantes conversaciones sobre la vida, el amor, la amistad… Ellos fueron los predecesores, los que le dieron la fuerza y empuje a su mensaje.

Su mensaje. Eso sí que era potente. Tanto a él como a sus amigos se les daban bien las letras, ¿pero qué digo?, muy bien.

Eran el Claudio Coelho de la época, el Joaquín Sabina, o el Martin Luther King, y no se callaban una.

Frases con poesía, contundencia y con mucho mensaje detrás:

“Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas”. Génesis 1:2 

No existían blogs, ni páginas webs, ni posicionamiento en buscadores… pero estaban siempre inspirados y  escribían sin parar. Y ya se apañarían luego para juntarlo todo en un libro.

Jesucristo marcaba tendencia, sí Señor.  No penséis que hablaban de cosas antiguas o tradiciones ya obsoletas, sino que siempre fueron pioneros en su forma de pensar, unos modernos.

Hasta el punto de que hace unos 2000 años ya estaban intuyendo la que nos vendría encima con la independencia de Cataluña. Y a las pruebas me remito:

“Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes”.
Efesios 6:12

Lo que Jesús decía iba a misa. (Esta gracia es muy buena, reconócelo).

Si había que ayudar al prójimo se la ayudaba sin rechistar, o poner la otra mejilla pues se ponía. Que había que amar a su padre sobre todas las cosas, pues se le amaba también. Y si hubiese existido YouTube en aquella época, el momentazo de cuando resucitó a Lázaro, o multiplicó los panes y los peces en una boda, se hubiera vuelto viral.

Pero como todo gran influencer, detrás del postureo y las legiones de seguidores, la  vida de Jesús no era nada de envidiar. No podía salir a la calle de cualquier forma ni irse de vacaciones tranquilo, cedió su vida y su imagen al personaje que era. Se había convertido en el Hijo de Dios y el Rey de los Judíos, y en este caso la fama y su influencia le costó sangre y lágrimas.

Le costó la vida y se convirtió en leyenda.

Así que cuando quieras explicar a tu abuela qué es esto de los instagrammers, los influencers o los youtubers, ponle el ejemplo de Jesús, que seguro que así lo pilla a la primera.

Tras muchos años trabajando en redes sociales, tengo una cosa clara: “solo el hombre (o el community manager)  tropieza dos veces con la misma piedra”.

Una y otra vez, en todas las redes sociales y en todos los sectores de negocio se cometen los mismos errores, es sorprendente, pero es así. No paro de ver por la red cuentas de empresa que supuestamente gestionan profesionales con un sinfín de errores. Además de desacreditar a nuestro sector y crear mala fama en el oficio, puede dañar mucho a una marca sin que sus propietarios sean conscientes.

Un mal Community Manager te puede arruinar poco a poco

 

Una mala gestión de las redes sociales y por ende, de la reputación online puede ser clave para disminuir las ventas y alimentar una crisis de empresa.

Una buena gestión puede ser clave para mejorar el posicionamiento, captar y fidelizar clientes, te ofrece resultados positivos y está más que comprobado.

Aquí os hago un recopilatorio de lo que muchas veces veo y no creo (y odio personalmente):

  • Seguir a alguien por Twitter y que me llegue un MD / mensaje directo automático: Cero credibilidad. Me da tanta rabia que hay veces que dejo de seguir a la cuenta, me parece Spam total.
  • Que me siga alguien en Twitter y cuando le sigo, se quite automáticamente y ya no me siga. ¿Perdona? Debería existir un botón de denuncia para estos movimientos sucios. Odio que me hagan perder el tiempo porque directamente dejo de seguir a ese usuario y me podía haber ahorrado el trámite.
  • Y hablando de movimientos sucios: cuando veo cuentas de cualquier red social con millones de seguidores y dos tristes me gusta en las publicaciones me muero de risa. ¿De verdad se siguen comprando seguidores?
  • Recibir peticiones de amistad en Instagram porque mi cuenta no es pública. Vamos a ver, si mi cuenta no es pública en la red social de mayor postureo del mundo entero, será porque no quiero tener a seguidores desconocidos viendo mi vida. Si eres una marca y yo como usuario personal te sigo será porque me interesan tus cosas pero las mías a ti ni te van ni te vienen.
  • Odio cuando me dirijo a una empresa a través de una red social por mensaje privado (para no ser mala y no colaborar con una mala reputación online ya que me compadezco de mis colegas de profesión) y no me contestan, pero si les escribo en el muro que lo ve todo el mundo si me contestan. ¿Qué tipo de atención al cliente es esa? Ahí sí que les doy candela….
  • Leer siempre las mismas frases, está bien eso de: si algo funciona sigue usándolo pero una red social que me dice todos los sábados lo mismo…. Estrujad un poco el cerebro por favor, las repeticiones por muy buenas que sean, cansan.
  • Fotos borrosas, diseños caspa, imágenes personales en cuentas profesionales…. No comentaré nada al respecto.

Si contratas a alguien para la gestión de redes sociales que lo haga bien

 

Muchas personas piensan que trabajar de Community Manager significa compartir fotos en redes sociales y pasar el rato. Que se hace todo en cinco minutos y que lo puede hacer cualquiera.

Quizá alguien que no sea profesional haga eso y todo lo que he enumerado más arriba. Pero un profesional como los que puedes encontrar en nuestra agencia no se lo puede permitir por varios motivos:

  1. Porque somos las mejores, bueno y qué.
  2. No nos gusta que nos contraten para ganar dinero y ya. Y no es que no nos guste el dinero ni lo necesitemos, no. Si nos contratan es para hacer un buen trabajo. Que nuestros clientes obtengan resultados: “se tarda lo mismo en hacer algo bien que en hacer algo mal”.
  3. Además de publicar “cosas”, una buena gestión de redes sociales necesita invertir mucho tiempo. Realizar estrategias, campañas, analizar resultados, crear calendario, redactar, traducir, diseñar, fotografiar, pensar ideas. Cuando nos dicen que otra empresa ofrece un presupuesto a mitad de precio que el nuestro siempre pienso que hay 3 opciones:

a) El trabajo que hacen es una mierda pinchada en un palo.

b)Trabajan por amor al arte porque son millonarios y se aburren en su vida.

c)Tienen súper poderes y hacen un buen trabajo en la mitad de tiempo que yo (¿será porque soy rubia?).

d) No han hecho bien las cuentas y su empresa va a quebrar.

  1. Todo lo que hacemos está premeditado, trabajamos sobre una estrategia, con acciones que nos llevan a cumplir un objetivo.
  2. Si pudiéramos tener tiempo para perderlo os aseguro que no sería en las redes sociales de nuestros clientes, somos más de perder el tiempo en una tumbona con un daiquiri helado en la mano.

Tengo que terminar este post. Si quieres saber más nos lo dices en comentarios y yo me sigo despachando agusto en el siguiente.

¿Quién pone el precio a lo que consumimos, contratamos o compramos? (Pregunta de instituto) El precio lo pone el propio mercado: la ley de la oferta y la demanda. O por lo menos eso nos contaron.

Si hay muchos boquerones (mucha oferta), estos serán más económicos que el atún, del que habrá menos oferta. Y probablemente más demanda,  por lo de moda que se ha puesto el tartar últimamente.

Es un ejemplo muy básico y puede que no suceda igual en todos los sectores. Pero de la misma forma que dudarías en comprar un atún a precio de sardina, o un Iphone nuevo por 200 €, deberíamos dudar en contratar un servicio profesional a un precio mucho más reducido que el marcado por el mercado.

Nadie te va a regalar nada por tu cara bonita. Así que cuando encuentres gangas irresistibles… lo mínimo que deberías pensar es “aquí hay gato encerrado”.

Cuando, como cliente, desconocemos el precio de un servicio en el mercado es un poco (un pelín) más complicado. ¿Cuánto vale la hora de un psicólogo o de un fisio? ¿Cuánto vale un empaste, o cambiar las ruedas al coche?

Lo más normal es hacer una pequeña investigación, llamar a tres o cuatro empresas que ofrecen ese servicio y consultar a amigos o familiares.  Y finalmente, te quedas con la que más  confianza te dé, o sea más competitiva a nivel de precio, tenga más experiencia o mejores críticas. Hasta ahí todo normal. ¿No?

El problema  llega cuando aparecen algunas empresas que, con la intención de llevarse parte del pastel, ofrecen un servicio muy por debajo del precio de mercado. Y como insisto en que “nadie regala nada por la cara bonita” esa reducción en el precio se refleja en un… servicio de mierda.

Sí, ya me estoy empezando a cabrear.

Porque si cogiesen un trocito del pastel con las manos limpias, un cuchillo y un platito debajo, me parecería hasta correcto. Pero la realidad es que (para que lo entiendas bien) se están comiendo la tarta con las manos sucias, guarreándola entera y dejándola a la pobre con una pinta asquerosa.

¿Quién va a querer esa tarta ahora, medio destrozada? ¡Nadie! Y es normal…

El cliente que ha contratado estos servicios low cost, en seguida se dará cuenta que está tirando el dinero, y que todo lo que le contaron al principio es puro humo. Vamos, que su nuevo Iphone es una imitación o que la merluza que ha comprado es panga.

¿Resultado? Que tras la mala experiencia comprando Iphone y merluza, probablemente no lo vuelva a comprar más.

En el mundo de la publicidad pasa lo mismo, sumando que estamos bastante fastidiados por el gran intrusismo del sector.

El pastel es grande, pero todo el mundo quiere una parte. Ya sea publicistas, periodista, diseñador, programador, administrativo, fotógrafo, recepcionista, operador de cámara, maquillador, biólogo, modelo, secretaria… Todo vale.

Cuando nuestros posibles clientes nos muestran presupuestos de supuestas agencias de publicidad que ofrecen lo mismo que nosotras pero a precios de risa, nos entran los cuatro males. Es una estafa, de verdad. Nadie puede darte un buen servicio a precios tan por debajo del mercado.

Porque una de dos: su servicio es una basura y te está engañando, o el resto de empresas del sector tenemos cuentas en Panamá a costa de nuestros clientes, un despacho con ventanales enormes y vistas espectaculares, un sofá de terciopelo y un gato persa al lado al que acariciamos lentamente.

Así que no seas ingenuo. Y desconfía de aquellos que te vendan webs como churros,  que te gestionen las redes sociales por cuatro duros, o que te regalen el logo por tu cara bonita.

Y si tienes alguna duda, pregúntanos. Sabes, que nuestras sillas son del Ikea y no somos muy de acariciar gatos.

Hay veces que es difícil ser sincero en un mundo rodeado de mentiras y mentirosos, donde si mientes te tachan de mentiroso pero si dices la verdad eres criticado y penalizado. Pues en publicidad y en el marketing de contenidos también.

No se sabe si fue antes el huevo o la gallina, pero la publicidad es el reflejo de la sociedad, ¿o la sociedad es el reflejo de la publicidad?

Yo soy más de decir la verdad porque lo de las mentiras nunca me ha gustado y siempre me ha parecido ridícula y poco valiente la gente que miente, porque una cosa os voy a decir, se nota  o si no como dice mi madre: ‘se pilla antes a un mentiroso que a un cojo’.  Pues en publicidad y en el marketing de contenidos también.

 

Caso práctico sobre la sinceridad de las marcas

 

Un restaurante que se publicita en diferentes soportes con un claro mensaje: “tenemos la mejor carne del lugar”. (No menciono zona geográfica para que nadie se dé por aludido).

Un día que tienes antojo de carnaza, te viene a la mente ese mensaje publicitario que escuchaste en la radio o leíste en las redes sociales y lías a quien haga falta para ir a probar el producto en sí.

Vas, pides carne, la pruebas y piensas menuda p _ _ a mierda. ¿Esta es la mejor carne del lugar? ¿En serio?

Conclusión: Si tu mensaje crea expectativas que luego no son reales, tu público te va a crear una mala reputación. Cambia de estrategia, o de agencia…

 

Una buena reputación mejor que una mala reputación

 

La publicidad siempre ha tenido mala reputación, entre los humanos al menos. Y seguro que como a muchos colegas de profesión, alguna vez me he visto en la tesitura de ser cuestionada como persona o escuchar comentarios impertinentes cuando me han preguntado: ¿a qué te dedicas? Y yo he contestado: publicista.

Como en todo, y más en la era del consumismo desenfrenado, muchos mensajes, marcas, empresas y mentirosos en general han hecho mucho daño al sector, pero existe la publicidad sincera y transparente.

Y si no, que se lo digan a nuestros clientes.

 

Por encima de todo, siempre queda la honestidad

 

Un marketing de contenidos sincero es la mejor estrategia que puedes tener. Es fundamental ser sinceros en los mensajes y poder ofrecer información que merezca la pena.

Lo ideal (además de no mentir para vender) es documentarse bien, ponerse en el lugar de la persona que va a ver, leer o escuchar tu mensaje y crear contenido original.

Yo siempre tengo la premisa de ir con la verdad por delante, hay veces que no le gusta a la gente, pero como en un chiste que me encanta y con el que me siento muy identificada:

Y en el caso de las marcas nos da una buena clave: a quien no le gusta el mensaje quizá es porque no es su público objetivo. Si no le gusta a nadie ya es otro cantar…

 

Si quieres trabajar con una agencia de publicidad tan buena como las croquetas: somos tu equipo.

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