mayo 2012

Tras las leyendas, rumores y mails amenazantes a principios de año sobre un futuro servicio de pago para Whatsapp y la revolución consecuente, y tras el gran número de separaciones, infidelidades, enemistades y controversias varias debidas al desconocimiento del significado del Doble Click ( la doble marca que aparece al lado del mensaje e indica que se ha recibido correctamente en el dispositivo del destinatario, y no que la persona haya leído ya el mensaje) creo que ya es hora que nos demos cuenta de La Gran Dependencia que nos ha creado esta aplicación móvil para nuestra comunicación con el mundo.

Todo empezó con la fregona (sí, nos enganchamos y ahora nos sabríamos cómo vivir sin ella), siguió con la siesta, las pipas, la Cocacola, y ahora el Whatsaap.

Aunque a lo que me refiero, en verdad, es a la dependencia sobretodo como forma de comunicación; como lo fue el móvil; toda una revolución. Todos (excepto los más jóvenes) hemos nacido sin ‘el gran invento’ y éramos felices y estábamos perfectamente comunicados. Hoy en día, dejarse el móvil en casa puede llevar a unas consecuencias terribles… lo primero es que pasas el día como incómodo pensando en las miles de llamadas urgentes que podrías estar recibiendo, y aunque normalmente no te llame nadie seguro que ese día es el día en que llegará ESA llamada.

Además estar un día sin contestar al móvil puede significar muchas cosas en la conciencia colectiva de nuestros días: Como llame tu madre varias veces y no lo cojas pensará que estás enferm@, o que te han despedido, o que has tenido un accidente… si te llama tu pareja durante todo un día y no contestas su cabeza imaginará infidelidades, mentiras, abandono… y la consecuencia puede acabar en el accidente que tu madre está pensando que ha ocurrido. Y si llama tu jefe durante todo un día y no contestas, puede que el inconsciente de tu madre vuelva a tener razón… y acabes el día sin trabajo.

Es a esta dependencia terrible a la que me refiero, y a la que no quisiera llegar también con el Whatsaap. Es tan fácil la comunicación y tan rápida, que es inevitable no engancharse, y lo mejor es que no tienes que pensar en lo que te gastas cuando envías cada mensaje. Además une lazos y el contacto que se crea es más cercano y directo entre compañeros, amigos y familiares, y ya nacen grandes conversaciones de grupo y el que no tiene whatsapp está fuera y no está en conexión con el resto… se convierte en un loser de la comunicación.

¿Y si sus creadores están esperando a que la dependencia sea máxima y cambian finalmente a la forma de pago? ¿Estaríamos dispuestos a pagar 10 euros al mes por evitar la terrible incomunicación con el mundo? ¿O aprenderíamos a vivir sin el constante ‘pi-pi’ que nos anuncia un nuevo mensaje?

Yo ya he descubierto el secreto de todos estos creadores de inventos y desarrolladores de tecnologías infinitas, que no quieren ayudarnos ni facilitarnos la vida, ni darnos soluciones… no.  Su verdadera función (su verdadera conspiración) no es hacer un mundo más cómodo para todos, sino ponernos caramelos en la boca ( Megavideo, Spotify, Whatsapp) para luego quitárnoslos y decirnos: ‘¿Los queréis? … ¡pues pagáis por ello!.

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